Patrimonio sonoro
El patrimonio sonoro está inmerso dentro del patrimonio cultural inmaterial que son los usos, representaciones, expresiones, conocimientos y técnicas –junto con los instrumentos, objetos, artefactos y espacios culturales que les son inherentes- que las comunidades, los grupos, y en algunos casos los individuos reconozcan como parte integrante de su acervo cultural.
En este rubro, la Conferencia General de la UNESCO aprobó en octubre de 2003 la Convención para la Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial, que entró en vigor el 20 de abril de 2006. En el cual se reconoce la importancia de salvaguardar el patrimonio cultural intangible que es, particularmente vulnerable por sus constantes variables muchas veces desapercibido.
La salvaguardia, revitalización, regeneración y difusión del patrimonio cultural inmaterial de cada comunidad, será un factor que contribuya de manera decidida a la valoración, conservación de las culturas regionales y locales; dado que su fortalecimiento es esencial para reproducir y perpetuar la diversidad cultural, que tienda a su vez a la integración de un sistema multicultural.
El patrimonio sonoro está relacionado directamente con la documentación e investigación que genera archivos, un trabajo que hasta ahora los especialistas han realizado, pero no sólo ellos tienen la obligación de realizarlos y preservarlos, sino todo aquel que esté interesado en coadyuvar a las acciones para el rescate del patrimonio inmaterial de la humanidad. La historia oral es parte del patrimonio sonoro, grabado o no.
Los archivos sonoros son una fuente importante de información cultural, al igual que los libros, documentos o video, ya que estos también son testigos invaluables del devenir humano. Son además estímulos para la adquisición de conocimiento y vehículos de educación para los más diversos grupos sociales. Desde el momento en que se pudo registrar un sonido y luego reproducirlo, se pensó en la investigación de campo y en la preservación de esa herencia.
Un archivo sonoro representa una posibilidad para usos sociales, políticos, y hasta de entretenimiento, pero es en el ámbito educativo y cultural donde su valor se incrementa, ya que esos sonidos caracterizan nuestra vida cotidiana, elemento que conforma parte de nuestra identidad y nos diferencian de otras culturas.