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John Cage, amo los sonidos tal y como son.

John Cage en el departamento de Dorothea Tanning en 1981, Fotografía por Marion Kalter.

Así como Albert Einstein cambió las leyes establecidas del espacio y tiempo, han existido otros personajes que cambian nuestra percepción metafísica y con ello la posibilidad de ver más allá de lo establecido por la tradición o la moda. Uno de estos personajes fue John Cage que con sus escritos y composiciones “musicales” modificó nuestro entendimiento acerca de lo que pensamos sobre la música, el sonido, el silencio y la escucha.

En el documental “Écoute” (Escucha) de 1992, John Cage comparte algunas ideas sobre la escucha y la percepción de los sonidos. Acompaña la lectura con una composición de John Cage que fue escrita para el bailarín Louise Lippold en 1948 titulada in a landscape (en un paisaje):

 

John Cage

Cuando escucho eso que llamamos música, me da la sensación de que alguien está hablando, hablando sobre sus sentimientos o sobre sus ideas y sus relaciones. Pero cuando escucho el tránsito, el sonido del tránsito aquí en la Sexta Avenida no tengo la sensación de que alguien esté hablando, tengo la sensación de que el sonido está actuando y yo amo la actividad del sonido que se torna más fuerte o más débil y se hace más agudo o más grave, más largo o más corto. Hace todas esas cosas con las que estoy completamente satisfecho, no necesito que el sonido me hable.

No vemos mucha diferencia entre espacio y tiempo, no sabemos donde uno empieza y el otro termina por lo que la mayoría de las artes que pensamos han estado en el tiempo y la mayoría de las artes que pensamos han estado en el espacio. Marcell Duchamp, por ejemplo, empezó a pensar sobre el tiempo, quiero decir, no siendo un arte del tiempo sino del espacio y de ello hizo una pieza llamada “Sculpture Musicale” y cuyo significado es que diferentes sonidos vengan de distintos lugares y perduran produciendo una escultura que es sonora y que permanece.

Las personas esperan que escuchar sea más que escuchar y entonces hablan de “escucha interna” o “el significado del sonido”. Cuando hablo sobre música pareciera a las personas que estoy diciendo que el sonido no significada nada, es decir que no es “interno” sino más bien “externo”, las personas que comprenden esto me dicen: ¿Te refieres a que (la música) son simplemente sonidos?, piensan que un sonido es algo inútil.

Amo los sonidos tal y como son y no tengo necesidad alguna, de que sean algo más de lo que son. No quiero que sean “psicológicos” no quiero que un sonido pretenda ser una “cubeta” o que un sonido es “presidente” o de que un sonido está enamorado de otro sonido, sólo quiero que sea un sonido.

No soy tan estúpido tampoco. Hubo un filósofo alemán que fue muy conocido Immanuel Kant y el dijo que había dos cosas que no necesitan significar nada, una es la música y la otra es la risa. No necesitan significar nada para darnos un placer muy profundo.

La experiencia sonora que prefiero sobre todas las otras es la experiencia del silencio; y el silencio, en casi todas partes del mundo hoy día es el sonido del tránsito, si escuchas a Beethoven o a Mozart vas a darte cuenta de que son siempre lo mismo, pero si escuchas el tránsito siempre es diferente.

Cuando trato de encontrar en el pasado algo que amé, trato de no hacer ninguna distinción entre mi propio pasado y el pasado de la cultura musical, creo que lo que es más vigorizante para mí es la música que aún no ha sido escrita, quiero algo que todavía no conozco, y hago lo mejor que puedo para lograr que cada momento sea así; algo con lo que no esté familiarizado.

Hay una frase de Marcel Duchamp, que me gusta mucho, él lo pone como una meta: “Alcanzar la imposibilidad de transferir de una imagen a otra la impronta de la memoria.”

No necesitamos tener tradición. Si de alguna manera nos liberamos de nuestras memorias entonces cada cosa que vemos es nueva, es como si nos hubiésemos convertidos en turistas y que estuviésemos viviendo en países que fueran muy excitantes porque los desconocemos.

No puedo decirle a nadie cómo escuchar ni cómo mirar. Ciertamente no puedo decirles qué recordar particularmente cuando yo mismo no quiero recordar nada. Si miro una botella de cocacola y después miro otra botella de cocacola quiero olvidar la primera que ví para lograr ver la segunda como algo original y es que és original, porque está en una posición diferente en el espacio y el tiempo y la luz está reflejándose de otra manera. De manera que no hay dos botellas de cocacola que sean lo mismo.

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