Escena de Porco Roso, descansando y escuchando música en su aparato de radio
De niño vivía en la ciudad, pero mi abuela materna vivía en un pueblo. Cuando llegábamos de vacaciones a su casa se producía un gran cambio para mí, además de muchas plantas y animales, la casa no tenía piso de cemento, dentro de ella había una hamaca y dos camas, afuera el corredor tenía un tanque y fogón, en esta área era en la que concentraba la mayor actividad. Cayendo la tarde, y al carecer de luz eléctrica, la casa se iluminaba con un quinqué y con la llama del fogón, que servía para hacer el café que disfrutabamos con pan.
Temprano nos ibamos a acostar a pesar de no tener sueño, ya que estabamos acostumbrados a los desvelos de ciudad, aún así nos tapábamos con unas sábanas. De pronto mi abuela desde la otra cama nos comenzaba a platicar alguna cosa que le había ocurrido en el día o mi padre preguntaba por algún pariente y así se iniciaba una charla donde aparecían personajes, buenos y malos, lugares extraños, o así me parecían, ya que mi participación durante la charla era de respetuoso silencio y atenta escucha.
Mientras charlaban el quinqué formaba sombras en el techo de madera y teja, mi mente iba recreando la plática, mi imaginación se encargaba de crear los rostros de los personajes que mencionaban o los paisajes de los lugares del cual hablaban. Sin saberlo, estaba disfrutando de un momento antropológico, los primeros seres humanos seguramente se reunián alrededor de la fogata a contar historias y los niños en silencio escuchaban atentos.
Quizá por el recuerdo de esas charlas en casa de mi abuela, donde mi imaginación no tenía límites al recrear las historias que escuchaba, me gusta tanto la radio, ya que simplemente con nuestra voz tenemos la posibilidad de construir todo un mundo.
Ilustración del grabador Bolaños Cacho acerca de la "Telegrafía sin hilos", publicada en El Universal Ilustrado. 1921
Hace tiempo modifiqué una televisión, le quité la pantalla y todas sus demás piezas las coloqué dentro de una cajita con ruedas, sustituí su pequeña bocina por una grande. Con la ayuda de un reproductor de DVD colocaba la señal a esa Tele-Radio y disfrutaba escuchar las películas.
Es triste que muchas de las estaciones de radio no ejerciten la construcción de la imaginación, por eso me parece buena idea que la radio transmita películas, aunque suene raro o ilógico, muchas veces la película resulta más bonita al escucharla que verla, uno recrea a los personajes y donde no está explicito sonoramente algunas situaciones a la larga puede uno conjeturar qué ocurrió.
Esto requiere una audiencia atenta, pero contar algo siempre resulta interesante, más a aún si es un buen cuento.
La radio es buena para aplanar las orejas jaja.
Para mí la radio tiene tres componentes:
En todos ello he intentado participar. Cuando niño me regalaron un walkie Talkie lo primero que hice fue quitarle los tornillos para ver qué tenía adentro, eso me llevó a aprender electrónica y me he pasado más de 30 años construyendo cosas con la electrónica y muchas de ellas son acerca de la radio (transmisores y receptores).
Aprender electrónica es inevitable acercarse a la Física (electromagnetísmo) y de eso a las diversas teorías científicas. Conocer, por ejemplo, cómo funciona el sonido y cómo nuestro cerebro es capaz de convertir y dar significado a impulsos eléctricos es asombroso. Diría yo que hasta poético.
Y ese es el otro elemento que me encanta de la radio, no es lo mismo hacer play en tu celular para reproducir una canción a montar tu antena y recibir desde China, Rumanía o algún otro país lejano la misma canción, el simple hecho de conocer, o imaginarse, lo que tuvo que atravesar esa señal para llegar a tu oído: Saltos atmosféricos, variaciones debido a las manchas solares, rebotes en la tropósfera, atenuaciones sobre la superficie del mar, los agregados magnéticos de rayos, atravesar los circuitos de tu radio receptor hasta hacer vibrar tu tímpano es un asombro técnico-científico-poético.
Y es poético porque aunque transmitan repetidamente la misma canción, ninguna sonará igual, todos esos "agregados" por las distntas variantes que se van agregando durante su recorrido (a la velocidad de la luz) hacen de esa canción y de ese momento único.
Y como hoy es 13 de febrero, día de celebración para la radio, no he querido que pasara desapercibido para mis amigos y por ello comparto lo que aquí escribo y además una lista de grabaciones que he realizado en pasados años con mi aparato de radio de las llamadas ondas cortas que es uno de los últimos reductos que aún fomentan las sensaciones que menciono anteriormente y que quiere compartirles, no sin antes decirles que deseo que la radio hertziana la de antenas continúe fomentando la imaginación a sus oyentes por muchos siglos más.
Una parte de mi colección (obsesivo compulsivo) de aparatos radio receptores a bulbos.
La mayoría de las grabaciones las he realizado con el receptor Kenwood R-600 con una antena muy simple, un cable delgado de cobre instalado en lo alto de la casa con una longitud de aproximádamente 14 metros, eso va conectado a la parte de atrás de mi aparato receptor, además otro cable lo tengo conectado de una varilla descubierta de mi casa al conector de "tierra", esto hace que se reduzca la cantidad de ruido magnético que producen algunos artefactos de la casa, como computadoras, celulares, lámparas fluorescentes, microondas, etc.
Sirva esto que les comparto como una invitación a que consigan su aparato de radio y disfruten de buscar en el dial estaciones de radio distantes.
"Y por la noche giro el dial del radio con la esperanza de captar pistas en la electricidad atmosférica que viene del más allá." - Louis Wain
Emilio Ruiz, Febrero 2022