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Había una vez un niño que jugaba en un laberinto

Había una vez un niño…

Que aprendió a leer a los cuatro años de edad.
Leía los libros que tenía su papá en la biblioteca.

Una enorme biblioteca que se imaginaba como un laberinto con miles de cuartos, algunos amplios y brillantes, otros oscuros y tenebrosos, donde habitaban faraones, leones, aviones, ferrocarriles, números y palabras tan bonitas que el niño fue coleccionando.

Como suele ocurrir, ese niño creció pero continuó sirviendo a su vocación por la palabra escrita o hablada.

Dedicó toda su vida a las palabras sin importar el idioma de éstas.

Su colección de palabras, que formaban muchas historias, llegó a ser enorme y pensó que sería un egoísta si no las compartía antes que su vejez se las arrebatara.

Así que decidió reunirse siete noches con todo aquel que quisiera escuchar.

Y fueron muchos quienes repitieron la emoción de adentrarse a ese laberinto construido con palabras, historias, con pasadizos secretos, Las mil y una noches, monjes budistas, la ceguera que padeció, los sueños, las flores y esos verdes campos.

Y aunque ese niño ya no está y haya nacido hace 121 años, hoy vuelve aquí en esta bocina que escuchas ahora.

Shhh, escucha a este niño compartiendo su laberinto con su voz de viejo sabio llenando la amplia sala de tus oídos:

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Secciones: Blog Resonancia

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